¡VAMOS A HACER LA DIFERENCIA!
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Eran dos amigos futbolistas cristianos.  En una ocasión los dos se pusieron ha hablar de como sería el cielo y se preguntaron si el cielo tendría canchas de fútbol.  Ellos decidieron hacer un trato.  El que primero se muriera se le aparecería al otro.  Se murió uno y a los días se le apareció al vivo y le dijo: “Te voy a decir dos cosas, la primera es que en el cielo si hay canchas de fútbol y la segunda es que mañana te toca partido”

Había un hermanito que le gustaba resolver problemas difíciles, abriendo al azar la Biblia y colocando su dedo con los ojos cerrados en cualquier página.  Él tomó lo que leyera como una orden directa de Dios.  Una vez el hermanito decidió aplicar su método.  Abrió la Biblia y colocó su dedo al final de Mateo 27:5, “Salió, y fue y se ahorcó.”  Él cerró rápidamente la Biblia y después de orar, volvió a abrirla.  Esta vez señaló justamente la última parte del Lucas 10:37, “Ve, y haz tú lo mismo.”  El hermano, sorprendido y con cierta molestia por lo que leía, repitió la operación.  Esta vez señaló justamente la última parte de Juan 13:27, “Lo que vas a hacer, hazlo más pronto.”  Desde ese momento, el hermano dejó de practicar dicha costumbre.

Un hermano que recién había sido operado del corazón, recibió una herencia de un millón de dólares.  Sus familiares, preocupados por como debían darle la noticia, decidieron enviar al pastor.  Éste llegó a la casa del hermano y empezó con lo usual, “¿Cómo está hermano, como se siente?”  Ya entrados en conversación, el pastor le preguntó, “Hermano, ¿si usted recibiera una herencia de un millón de dólares, que haría?”  El hermano, sonriendo, le contestó:  “Pastor, si eso sucediera, yo le daría medio millón a usted.”  En ese instante le dio un ataque al corazón al pastor.

Había un cristiano recién convertido comprando pan en una panadería italiana.  Cuando de repente el humilde hermanito vio un afiche de la ciudad de Roma, le preguntó al dueño de la panadería de donde era él.  El italiano le contestó que él era de Roma.  El ferviente y celoso hermano comenzó a recriminarlo y regañarlo.  Molesto, el cristiano le dijo que no le compraría más pan, y que de inmediato le devolviera su dinero, mientras el italiano quedó desconcertado.  El furioso hermano se retiró de la panadería.  En eso iba pasando un hermano más antiguo que pertenecía a la misma iglesia del indignado hermano.  Éste se le acercó y preguntó al hermano recién convertido, “¿Qué pasó?”  El hermanito le dijo con voz exaltada, “Descubrí a un romano vendiendo pan, y me dio ira, pues los romanos injustamente fueron los que crucificaron al Señor.  El hermano más antiguo le dijo, “Pero hermanito, ¡eso sucedió hace más de dos mil años!”  El hermanito, con voz baja y mucha pena, le dijo, "Sí, pero recién me enteré esta mañana.

En una ocasión una hermana que estaba muy bien vestida se le acercó a una de los jóvenes y le dijo, “Fulana, que bien te ves.”  Ella le contestó, “Yo lo sé.  Sin embargo, tú no te ves tan bien.  Perdona que te lo diga, pero tú sabes que yo soy bien sincera.”  La hermano le contestó, “Oh, no te preocupes.  Yo, sin embargo, ¡soy bien hipócrita!

Había un pastor que era fanático de jugar gallos.  Para poder jugar, él se fue a una gallera bien lejos, donde nadie lo conociera.  Cuando iba a poner el gallo a jugar, salió alguien que dijo, “Yo le apuesto 500 al del pastor.” 

El pastor hacía una dinámica a los jóvenes.  Él les dio una hoja en blanco, y pidió que se dibujaran a la chica que quisieran para su esposa.  Algunos la dibujaron con 90 60 90, pero hubo un hermano que no dibujó nada.  Entonces, el pastor le preguntó, “¿Por qué no dibujaste?”  Él respondió, “Porque yo quiero que el Señor me la de como Él quiere.”  “¿Y si te da una coja?” le preguntó el pastor.  Respondió el hermano, “No importa si yo la quiero para mi esposa, no para hacer carrera.”  

Se encontraban tres evangélicos hablando.  El primero dijo: “Yo tengo muchas debilidades. Uno de mis debilidades es que me gusta el tequila.”  El segundo dijo: “Mi debilidad es que me gustan las mujeres.”  Luego, los dos preguntaron al tercero: “¿Cuál es tu debilidad?”  Él respondió: “Mi debilidad es el chisme, ¡y no me aguanto por salir de aquí y contar a todos mis amigos sus debilidades!” 

Un loro fue entrenado para predicar.  El domingo la iglesia estaba llenísima para ver al loro dar la palabra.  Intimidado por el público, el loro se quedó callado en el púlpito, arrastraba su pico de un lado para el otro, hasta que su entrenador dijo: “Predica loro, que si no lo haces, te quito todas tus plumas y te pongo con las gallinas.”  Inmediatamente el loro miró a toda la iglesia y dijo: “¡Hermanos! Vamos a orar, que el enemigo ya empezó a manifestarse.”

Unos ancianos cumplían anos de casados, y dijo el hermano, "Te voy cantar un canto."  Le cantó "Descansa Ya."  Luego dijo la hermana, "Yo también te voy a cantar un canto," y le cantó "Eres Polvo y Nada Más." 

Un recién convertido andaba en el campo.  En eso le picó una hormiga colorada, de esas que duele bastante el piquete.  El hermanito, en su primer amor, la tomó suavemente en sus dedos, la miró, y con mucho amor le dijo, “Ni yo te condeno.  Vete y no piques más.” 

Había dos hermanos de la iglesia.  Uno de ellos trabajaba en una carnicería.  Llegó el hermano a la carnicería y le dijo al empleado: “Hermano, ¿me fía dos kilos de carne?”  El empleado le dijo, “No puedo.”  Le dijo el otro: “Pero somos hermanos.”  El empleado le contestó, “Somos hermanos en el Espíritu, pero no en la carne.” 

Un evangelista vino a predicar a la iglesia.  De agradecimiento, una pareja de hermanos lo invitaron a comer.  Cuando se sentaron a comer, la hermana sirvió arroz, y más arroz.  Finalmente el esposo le dijo a su esposa, “Mi hija, trae el pollo.”  El evangelista, ya lleno de arroz, dijo, “No hermanos, gracias.”  La hermana dijo, “No, ¡el pollo es para que se coma todo el arroz que tiró en el suelo!” 

Había una señora que tenia mucha fe y amaba mucho a Dios.  Se paraba en el porche de su casa y le alababa.  Tenía un vecino que la odiaba y le decía, “¡Dios no existe!”  La señora empezó a pasar por malos tiempos y oró a Dios que la ayudara.  Ella fue a su porche y gritó, “Alabado el Señor.  Dios mío, necesito comida.  Estoy teniendo mal tiempo.  Por favor, Señor, ¡mándame algo para comer!”  A la mañana siguiente, la señora salió otra vez a su porche y miró una bolsa con mucha comida y gritó con gozo, agradeciendo al Señor.  De repente el vecino saltó de un arbolito y dijo, “¡Ajá! Le dije que no había Señor.  Yo compré esa comida, Dios no fue.”  La señora empezó a brincar y aplaudir y dijo, “¡Gloria a Dios!  No sólo Dios me mandó la comida, ¡sino que hizo al diablo que pagara por ella!”   

Había un pastor evangelista que era muy reconocido e invitado por muchos para ir a predicar a sus iglesias.  A él no le gustaba viajar en avión, así que tenía su chofer y adonde quiera que lo invitaban su chofer lo llevaba.  Un día su chofer le dijo, “El trabajo que usted hace es muy fácil.  Siempre predica los mismos mensajes y le dan buenas ofrendas.  Yo lo haría, y mejor que usted.”  El pastor le respondió, “Bueno, ¿qué te parece la próxima invitación a predicar, tú predicas, y yo soy tu chofer?”  “De acuerdo,” respondió el chofer.  Luego, una iglesia bastante grande invitó al pastor.  El chofer se puso el traje del pastor y el pastor el traje de chofer, y llegaron a la iglesia.  Subió el pastor (chofer) y predicó un tremendo sermón, dio la invitación, y muchas decisiones fueron tomadas.  Cuando se disponía a bajar de la plataforma, subió el pastor anfitrión y le dijo, “No se baje, pastor.”  El pastor anfitrión preguntó, “¿Alguien de los hermanos tiene una pregunta para el pastor invitado?”  En medio de la muchedumbre alguien se levantó y preguntó, “¿Qué opina usted de las 70 semanas de Daniel?”  El 'pastor' se quedó perplejo y dijo, “Disculpe, no escuché su pregunta.”  La persona repitió, “¿Qué opina usted de la profecía de las 70 semanas de Daniel?”  El 'pastor' respondió, “Su pregunta es tan fácil, pero tan fácil que mi chofer se la contestará.”  

El nuevo pastor comenzó su sermón.  La iglesia estaba llena, y el calor de verano casi no se aguantaba.  A la media hora el pastor decía, “Por eso nosotros DEBEMOS bla, bla, bla.”  A la hora: “Y NO PODEMOS bla, bla.”  A la hora y media los hermanos estaban super cansados.  Cuando iban a ser ya dos horas que duraba el mensaje, entró una rana por la puerta, que estaba abierta por el calor.  La rana saltó por el pasillo y se paró frente al púlpito.  El pastor exclamó, “¿Qué significa esta rana?”  De la última banca se escuchó un grito, “¡¡Que deeejes ir a tu pueeblooo!!” 

¿Cómo le dijo Adán a Eva cuando tenía que hacer una diligencia?  “Mi amor, plánchame la hojita, que voy a salir.” 

Después de un largo día de predicación, el pastor iba manejando a su casa con su esposa.  Volviéndola a ver, le dijo: “Mi amor, que cansado estoy.”  La esposa respondió, “Yo estoy más cansada que tú.”  “Pero, ¿cómo?” dijo el pastor.  “¡Yo tuve que predicar cuatro sermones!”  “Sí, y yo tuve que escucharlos todos,” respondió la esposa.

¿Por qué Eva no trabajó nunca?  Porque vivió a costillas de Adán.

Un pastor se dio cuenta que una hermana estaba hablando mal de otro hermano.  El pastor dijo a la hermana: “Hermana Juana, ¿por qué está hablando mal del hermano José?”  La hermana Juana le respondió: “No, lo que pasa es que yo los comente, para que los hermanos oraran.”  El pastor le respondió: “¿Cuántos están orando?”  La hermana dijo, “Bueno, pastor, con la hermana Petra, que le acabo de contar, son 150.” 

Dios le dijo a Adán, “Te voy a dar una compañera.  Nunca va a estar de mal humor, sus guisos siempre van a estar sabrosos, siempre te va a servir sin quejarse, nunca se va a engordar y no se va a enojar, y le va a gustar ver el fútbol contigo.”   “Excelente,” dijo Adán, “¿Cuánto me va a costar?”  Dijo Dios, “Un ojo y una pierna.”  Pensándolo, Adán preguntó, “¿Y qué me darías por una costilla?” 

Una señora tenía invitados a cenar y en la mesa se dirige a su hija de 5 años para que haga la oración y la chiquilla responde: 'No sé que decir'.  La madre le contesta: 'Sólo repite lo que me escuchaste a mi decir'.  La hija inclina su cabeza, cierra sus ojitos y dice: 'Oh Dios, por qué habré invitado a cenar a esta gente'  

¿Por qué Dios creó primero al hombre y luego a la mujer? Porque un gran artista primero hace el borrador y luego la gran obra.

 

 
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